
La captura de Nicolás Maduro funcionó como punto de partida para una escalada discursiva de Donald Trump contra distintos gobiernos de América Latina. Lejos de limitar sus mensajes a Venezuela, el presidente estadounidense avanzó con declaraciones de fuerte contenido político y militar dirigidas a Cuba, México y Colombia, consolidando un escenario de máxima tensión regional.
En el caso cubano, Trump fue categórico y utilizó una frase que resonó con fuerza tanto en Washington como en La Habana. “No creo que aguante. Cuba está a punto de caer”, afirmó, en una señal directa hacia uno de los principales aliados históricos del chavismo. La declaración fue leída como una advertencia política y como una confirmación de que la Casa Blanca considera al gobierno cubano dentro de su esquema de presión hemisférica.



